Una mujer de 46 años y madre de seis fue admitida en el hospital quejándose de severo dolor que se irradiaba al cuello y debía recibir una consulta de neurocirugía. El neurocirujano hizo un examen físico, pero decidió esperar para hacer una nueva evaluación después de recibir los resultados de una imagen de resonancia magnética (MRI). Las imágenes se realizaron, pero el neurocirujano no revisó los resultados por 48 horas. El análisis había demostrado hinchazón significativa de los tejidos blandos prevertebrales y el radiólogo informó un posible absceso. Ningún proceso infeccioso fue detectado y su engrosamiento prevertebral sigue siendo inexplicable.

A pesar de más evidencia clínica de una infección, el neurocirujano no tomó ninguna medida. Otros estudios por resonancia magnética (MRI) tomados dos días después mostraron el mismo engrosamiento prevertebral que se correlacionaron con sus imágenes anteriores y aún no se tomó ninguna medida. Para el momento que fue trasladada a otro hospital, ella estaba permanentemente cuadripléjica debido a que la infección había erosionado la médula espinal cervical. El reclamo se resolvió antes del juicio por jurado.

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